Un Tesla Model Y de 2021, que operó como taxi durante gran parte de su vida útil, ha demostrado una notable resistencia en su batería LFP después de recorrer más de 178,000 kilómetros. A pesar de haber sido cargado casi exclusivamente con estaciones de carga rápida (DC), la salud de su paquete de baterías se mantiene en un impresionante 92%.
Este hallazgo desafía la creencia común entre los propietarios de vehículos eléctricos (VE) de que el uso continuado de cargadores rápidos DC puede acelerar la degradación de la batería. Si bien algunos estudios sugieren esta posibilidad, el caso de este Model Y, operado por Richard Symons, propietario de un taller de VE de segunda mano en el Reino Unido, presenta una perspectiva diferente. Symons adquirió el vehículo y, ante su historial de carga intensiva en DC, decidió someter su batería a una prueba de salud.
Los datos extraídos del puerto de diagnóstico revelaron que el Model Y sólo había recibido 36 kWh de fuentes de carga en CA (corriente alterna), mientras que la abrumadora mayoría, 32,684 kWh, provino de cargadores rápidos DC, complementados por la frenada regenerativa.
El resultado es un estado de salud de la batería del 92%, lo que significa que aún puede ofrecer el 92% de su autonomía original. Esta cifra es notablemente superior a la de un Tesla Model 3 Performance de 2019, probado por otro youtuber, que presentó una degradación del 21% tras un kilometraje similar, a pesar de haber sido cargado mayoritariamente en casa.
Diferencias Clave: Baterías NMC vs. LFP
La diferencia en la degradación entre ambos vehículos se atribuye, en gran medida, a la química de sus baterías. El Model 3 con un 79% de salud utilizaba una batería de Níquel Manganeso Cobalto (NMC), mientras que el Model Y con un 92% de salud restante equipa una batería de Fosfato de Hierro y Litio (LFP).
Las baterías NMC ofrecen una mayor densidad energética, permitiendo más autonomía en un mismo espacio. Sin embargo, los fabricantes suelen recomendar limitar la carga al 80% para preservar su longevidad. Por otro lado, las baterías LFP, aunque más económicas de fabricar y aptas para cargas del 100% de forma regular, presentan menor densidad energética y, según el artículo, podrían ser más sensibles a la degradación por carga rápida, especialmente en climas fríos.
A pesar de las diferencias, la conclusión general es alentadora: la degradación de las baterías de VE modernas parece ser más pronunciada en las primeras etapas de vida útil del paquete, estabilizándose posteriormente. Los datos más recientes sugieren que las baterías actuales están diseñadas para superar la vida útil de los propios vehículos.
Este caso particular del Tesla Model Y, operado como taxi y cargado predominantemente en régimen de carga rápida, arroja luz sobre la durabilidad de las baterías LFP y cuestiona la rigidez de las recomendaciones de carga, sugiriendo que la tecnología de baterías para vehículos eléctricos es cada vez más robusta.
Fuente: Link
A favor
- Excelente salud de batería (92%) tras más de 178,000 km.
- Uso intensivo de carga rápida DC sin degradación significativa.
- Demuestra la durabilidad de las baterías LFP.
- Las baterías modernas parecen superar la vida útil del vehículo.
En contra
- Las baterías LFP tienen menor densidad energética que las NMC.
- Las baterías LFP pueden no ser ideales para carga rápida en climas muy fríos.
- Aunque este caso es positivo, algunos estudios sugieren que la carga rápida puede afectar la longevidad de la batería.
Galería de Imágenes
Fuente: Link